Natalicio de Gabriela Mistral.

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8 de Abril de 2011.

En el marco del 122º  aniversario del natalicio de nuestra Premio Nobel, Gabriela Mistral, cabe destacar que se han publicado dos títulos Bicentenario en relación a su poesía: Gabriela Mistral. Antología, Selección de la autora, publicado el año 2009, y Gabriela Mistral. Pensando a Chile. Una tentativa contra lo imposible, compilado por Jaime Quezada y publicado el año 2004.
 
Ambas publicaciones se encuentran disponibles en el sitio web: www.chilebicentenario.cl

Así comenzabamos el 2010, recordando a Gabriela Mistral, solo cambié el año (2011), para homenajear a nuestra Gabriela Mistral, con unos escritos poco conocidos de esta escritora chilena, dos escritos que me gustan bastantes ya que tratan de nuestro Chile y como ella lo ve.

Y el otro escrito, atañe a lo que esta página trata de mostrar a sus lectores, el folclore y Gabriela nos cuenta de la cueca.

Los dejo con Gabriela...

BREVE DESCRIPCIÓN DE CHILE*

FORMA Y TAMAÑO

Han dado a Chile los comentaristas la forma de un sable, por remarcar el carácter militar de su raza. La metáfora sirvió para los tiempos heroicos. Chile se hacía, y se hacía como cualquier nación, bajo espíritu guerrero.

Mejor sería darle la forma de un remo, ancho hacia Antofagasta, aguzado hacia al Sur. Buenos navegantes somos en país dotado de inmensa costa.
750.000 kilómetros cuadrados. Pero esta extensión, muy mermada por nuestra formidable cordillera, y en el Sur, a medias inutilizada por el vivero de archipiélagos perdidos. Es un país grande en relación con los repartos geográficos de Europa; es un país pequeño dentro del gigantismo de los territorios americanos.

Un escritor nuestro, Pedro Prado, decía que hay que medir el país desdoblando los pliegues de la Cordillera y volviendo así horizontalidad lo vertical. En verdad hay una dimensión de esta índole que vale en ciertos lugares para lo económico. Las minas hacen de nuestra montaña cuprífera y argentífera una especie de decuplicación de superficie válida y, donde el vuelo del aeroplano fotografía metros, el fantástico plegado geológico daría millas.

Sin embargo, no es así como otros vemos el país. Hay una dimensión geográfica, hay la económica y hay todavía la moral. Cuando digo aquí moral, digo moral cívica. También esto crea una periferia y una medida que puede exceder o reducir el área de la patria. Patrias con poca irradiación de energía y de sentido racial, patrias apenas dinámicas, son pequeñas hasta cuando son enormes.

Patrias angostas o mínimas que se exhalan en radios grandes de influencia son siempre mayores y hasta se vuelven infinitas. Nadie puede echar sonda en su fondo; no puede saberse hasta dónde alcanzan, porque sus posibilidades son las mismas del alma individual, es decir, inmensurables.
 
LA CUECA

Cuando septiembre nos devuelve los días buenos y en las lonjas de viña o de trigo, la vendimia o la trilla, se quiebra el invierno, la cueca comienza a hervir en nosotros como un mosto; la cueca va y viene en la luz de los valles lo mismo que las lanzaderas que corren a lo ancho del telar.

Hombres de remo y de azada y mujeres de cunas y podas, todos ellos carne batida de tirsos, abren sobre la era grande o en el patio de la casa la cueca que es la pelea de dos temas y de dos expresiones. El canto y el baile suben y bajan de la violencia a la melancolía; el frenesí se rompe en la ternura y a lo largo de las estrofas ninguno acabará ganando.

Limos del Llano Central, costras de la pampa o playas nuestras, todo eso ha saltado y gemido como un tambor loco de los talones bailadores, toda tierra chilena ha clamoreado de un taconeo febril, que se parece al de los pisadores del lagar.

La cueca tiene doble entraña y doble índole porque la bailan hombre y mujer, y a los dos, a varón y a varona, ha de complacer y manifestar. Por eso ella tiene del fuego y del aire, del reto y del acatamiento.
Va el hombre en un enroscado torbellino y la mujer sale a su encuentro, casi se deja coger a la llamada, y luego lo burla con el bulto, sin quitar al hombre la presencia y siguiéndole con su vista amante.

La cantadora "lacea" con rasgueo y voz a la pareja hazañosa; pero el coro, que aquí no es mudo, lanza sobre ella además las interjecciones que adulan o escuecen, que mofan y alaban.
 
Vuelan sobre el grupo báquico los pañuelos, el alcohol y la pasión.
La raza sin muerte, caldo de una sangre subtropical, cuerpos que están vivos de mar o de luz de altura, baila su orgullo vital, bate su entraña que no quiere ensordecer, danza la vieja gesta del amor cerca del mar, que se la enseñó frenética, y de la montaña, que se la contó ritual.

Fotografía de Gabriela Mistral sonriendo, que muestra su alegría de vivir y disfrutar.

(Ir a "Crónicas de Viaje", Gabriela Mistral).

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