Los problemas del texto en la Nueva Canción. Patricio Manns.

Patricio_Manns_Con_Fco._Coloane.jpgEmpezamos con nuestros temas que nos darán pistas para conocer más a nuestros artístas y veremos sus ponencias, acá Patricio Manns en una edición de la Revista Araucaria de Chile, N° 30-1985 en su item Crónica, publican la ponencia de Patricio Manns presentada en el Tercer Festival de la Nueva Canción, realizado en Quito, Ecuador (Julio 1984).

PATRICIO MANNS.
Los problemas del texto en la Nueva Canción.

Patricio Manns es músico, poeta y novelista. Autor de innumerables canciones, y de las novelas De noche sobre el rastro. Buenas noches los pastores. Actas de Marusia y diversos otros libros. Vive en Suiza.
El texto que publicamos fue presentado como ponencia en el Tercer Festival de la Nueva Canción, realizado en Quito, Ecuador (julio 1984).

El texto ha sido, es y será un problema mayúsculo para los cultores de la Nueva Canción. Casi de una manera natural los textos de las canciones son considerados poemas, lo que suele ser a menudo un error: el texto escrito en connivencia y complicidad con la música tiene leyes particulares y debe
observar muchas exigencias —yo diría colaterales— que implican una diferenciación, si no de contenido, por lo menos de forma.

"La Carta", Violeta Parra.

Porque desprendidos de la música a la cual están ligados por entrañables lazos no fáciles de cortar, con el propósito de proceder a su análisis o de saborear el placer del texto, tan caro a Roland Barthes, acontece sin solución de continuidad que los textos de las canciones marchan a la zaga de los poemas puros en lo que concierne al rigor de la idea y a la libertad de estructura.

Un poema goza y no goza de las alambradas impuestas por la música. Por su lado, las canciones reflejan con gran frecuencia una técnica, una sintaxis, una conceptualización semiótica y una vehiculación del mensaje intrínseco a todo texto poético, trabajosa, confusa, y a veces excesiva, imperdonablemente
pobre.

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En oposición al poeta, el autor-compositor debe enfrentar un doble desafío. Por una parte, organizar una línea melódica e integrarla en módulos armónicos; por otra, componer el texto cuidando de acatar dos exigencias (hablo del autor compositor ideal) a saber: la primera, que éste se funda sin baches técnicos a la música; la segunda, que los problemas que suponen este fundir, esta doble osmosis, no diluyan ni trastroquen el mensaje.

Recordaré aquí que el lingüista Román Jakobson observa lo siguiente: "La orientación hacia el mensaje como tal, el mensaje por el mensaje, es la función poética del lenguaje". Lo que equivale a decir: una canción sin mensaje bien definido no es un poema y es todavía menos una canción. La canción es el brazo armado de la poesía. O debe serlo.

"A desalambrar", Daniel Viglietti.Canción de Victor Jara.

Esto, que resuena tan perogrullescamente, resulta en extremo complicado cuando uno aborda la elaboración de una canción, y si queremos ser honestos, son muy pocas las canciones reales y muchas las fallidas a causa de esta dificultad. Una canción nuestra, en la hora presente, contradiciendo las apariencias que alimentan su gran difusión, por ejemplo, o su popularidad, no es siempre una canción: a lo sumo un esbozo, una maqueta a medio hacer, de aire y aire, una tentativa inconclusa o mal resuelta, un muro no saltado, un envión de piedra hacia la altura andina que vence a su andinista.

En general, los seres humanos (para ocuparnos sólo de la especie que nos interesa más en este examen) expresan mejor sus emociones con la música que con las palabras. La música es cuadrada, la música es un arte matemático transido por la emoción.

Yo reivindico dos impresiones sobre este sujeto: a) La música forma parte del hombre al mismo título y con tanta prosapia visceral como su corazón, su omóplato, su diafragma o su cadera; b) El hombre es un animal matemático; si no fuese así, la música que hacen los grandes maestros analfabetos y anuméricos del mundo no podría existir. Muchos millones de hombres han hecho música de sus vidas; muchos menos millones de hombres han hecho poesía de sus vidas.

"El hombre", Rolando Alarcón.

Esto puede imputarse a múltiples razones, pero especialmente, a que la poesía (hablo de la poesía ejemplar, hablo de la poesía titana, hablo de la poesía hormigón, de la poesía gerundia y totalizante) es menos instintiva que la música en el sentido que reclama la forja de herramientas paradigmáticas para su cultivo Es verdad que una sola palabra puede adquirir una sugerente
connotación poética pero éste es un caso extremo Normalmente un poeta debe conocer y dominar el sinnúmero de reglas necesarias para escribir su sólido poema coherente, su poema-vallejo, su poema-neruda, su poema-dávíla andrade.

Sospecho en este punto que los agricultores de la canción desconocemos a menudo el arado semántico, pocas veces hemos oído hablar del rastrillo semiótico, de la pala cadencia, de las horquetas de la rima, de las trilladoras del verso libre, e ignoramos bien seguido cuáles son las semillas que convienen a cada clima y en qué preciso instante de una estación ha de poblarse el surco.

Esta Nueva Canción (llamada por unos chilena, argentina, cubana, ecuatoriana, nicaragüense, brasileña, etc.; por otros. Latinoamericana, y absolutamente por nadie Iberoamericana (falla garrafal que habrá que corregir un día) supone exigencias mayúsculas para quienes quieran adherir a sus postulados, inyectarse en su corriente. Por ello, deseo concentrarme en los problemas que surgen de la elaboración del texto, excluyendo por el instante el análisis de los problemas que origina la elaboración de la música.

"En Lota la noche es brava", Patricio Manns.

Para oficiar de artista —y puesto que el artista es un médium social— es menester levantarse y acostarse cada día con su cada noche, junto a esa vieja arpía apodada autocrítica. El artista debe valorar los frutos de su cosecha con crítica satisfacción. La arpía que he mencionado es la quinta rueda de toda creación y su primer postulado es el siguiente: la prisa es la enemiga capital de la creación artística.

Ya se ha pesado bien la leyenda bíblica: un mundo como el nuestro, hecho en seis días, no podía sino resultar precario, carente, caótico e incomprensible, como una mala canción.
Ahora bien: hundamos un poco el escalpelo: en el origen de las dificultades tropezamos con el primer elemento singular: la canción, el tipo de canción que englobaré provisoriamente en las acepciones Nueva Canción (puesto que ella quiere llamarse rabiosamente así) se estructuró con dos vocaciones muy precisas: encarnar la revisión de los valores convencionales arraigados, de una parte, en la canción-costumbre; de otra, en lo profundo de la organización intelectual de nuestros pueblos: y al mismo tiempo, se inmiscuyó, a causa de la potencia de su impulso, directamente en todas las luchas de liberación a que hemos sido llamados en este fin de siglo, y de las cuales, la lucha contra las dictaduras castrenses, por ejemplo, es tan sólo una de sus motivaciones.

"A pesar de voce", Chico Buarque.

Tan peligroso como el militarismo es el analfabetismo. Es imprescindible liberarse cada día. Todo esto tiene que ver con una cualidad de la poesía que debemos llamar de inmediato militante. (La música por sí sola no puede vehicular sino ideas estéticas.) Toda la poesía (y por extensión, toda la canción) es militante.

La cuestión se bifurca en un solo punto, a menudo mal comprendido: sucede que una corriente de poetas y cantores decide militar en el silencio, y otra corriente en el furor y el ruido.
El infortunado creador que calla es tan militante como el honesto (y a veces temible) creador que se alza, se rebela, grita, denuncia y hace suya la causa de su pueblo. Porque las únicas causas justas son las causas de los pueblos Entre el primero y el segundo caso hay el mismo abismo que se decreta insondable entre la cobardía y el coraje, entre el egoísmo y la generosidad, entre la vocación vasalla y la vocación libertaria, entre la indignidad y la dignidad, que terminan por hacerse respectivas costumbres.

"Manifiesto", Victor Jara.

Todo cantautor deberá admitir esta realidad una vez que haya racionalizado su vocación. Lo grave del caso es que en tales condiciones la improvisación es imposible y las intuiciones sirven de muy poco. La intuición carece de rigor. Ustedes convendrán fácilmente que un cirujano tiene que amaestrar previamente su bisturí antes de aventurarse en las entrañas del paciente.

Los cantautores, los juglares de este tiempo, para operar en el cuerpo social de sus pueblos, están obligados a concluir un aprendizaje equivalente, aunque no en las facultades universitarias,sino en dos puntos claves del planeta: las bibliotecas y los caminos de llano y de montaña.

El máximo galardón a que puede aspirar un juglar de nuestro tiempo es ser investido Doctor Honoris Causa de la Universidad de la Soledad, la Lluvia y los Caminos. Añadiendo a su diploma los huesos húmeros y los días jueves. Dije bibliotecas, dije soledad (necesaria para la meditación), dije caminos y dije lluvia.

Esto es natural. Sin una información mínima irreprochable, ningún juglar dará con el intento de su martillo en el clavo de su canción. Toda información es política, incluida la gana ubérrima de Vallejo o los estravagarios nerudianos. Hemos escrito hace poco que para nosotros la política es el arte de lo posible, pero a pesar de su substancia poética, la política es también una ciencia.

Los juglares deben, pues, ascender hasta los subterráneos donde moran los libros para preparar la perennidad de su canción.. Así como no se puede leer en la oscuridad, no se puede cantar debajo del agua. Para cantar es primordial saber. La ignorancia del sujeto cantante se reflejará siempre en el sujeto cantado.

En un texto poético destinado a una alianza con la música, pueden distinguirse varias relaciones estratigráficas.
Uno de estos estratos, por ejemplo, tiene que ver directamente con el funcionamiento conceptual de la poesía; otro, con la ideología (esto es, el conjunto de ideas que la canción se propone vehicular); un tercero debe vincularse abierta o secretamente con la Historia; un cuarto, con todas las posibles salidas del laberinto. Cuando examinamos el texto de una canción que pertenece a esta forma ya inevitable designada como Nueva Canción, tropezamos reiteradamente con un verbo enjuto y colijunto, una adjetivación repetitiva y un total más bien venido a menos que ido a más.

Colijo entonces que el hombre aquel (en este caso, el hipotético juglar examinado) se muestra renuente a penetrar con ánimo de conquista en las rebosantes selvas de los diccionarios y las crestomatías. Así como no se rasguea sin cuerdas, no se escribe sin palabras. La palabra, el conocimiento de las palabras es absolutamente fundamental. Hay que conquistar una decena de palabras cada día; hay que aprender a oler, lamer, pesar, injertar las palabras. Sin comprender el significado de cada palabra (semántica) no hay transmisión de ideas, no hay mensajes, no hay aprendizaje ni enseñanza, no hay denuestos, no hay colusión, no hay conspiración, no hay complicidad, no hay, en suma, ni poesía, ni historia, ni acción posible. Y la
canción es acción.

"Plegaria de un labrador", Victor Jara, actuación en vivo.

El amor global tampoco existe sin las palabras. La palabra es el fundamento irreemplazable de la comunicación en lo profundo.
La canción es, entonces, a causa de sus palabras (texto) una forma definitiva e insustituible de la comunicación que procede del lenguaje y excede al poema, puesto que enyuga la música y el texto en una misma yunta.
Es por esta razón que la canción desempeña una función social preponderante. Y es a causa de su función social que ella no puede ser concebida como solaz. Una canción se escribe para  mucha gente y es tal su poder movilizador (puesto que contra las buenas canciones no hay defensa posible) que hoy por hoy, como ayer por ayer, y mañana por mañana, es, fue y será un arma multidireccional de enorme potencia constructiva.

Cuando Silvio Rodríguez hace gemir a millones de personas con un verso —oídlo bien: un solo verso— en el cual declara hermosamente: "Vivo en un país libre...", en tres segundos ha dado al traste con treinta años de infamias y calumnias vertidas contra su país por miles de mercenarios de la pluma al costo de millones de dólares.

"Pequeña serenata diurna", Silvio Rodriguez.


De lo cual podemos deducir que la canción es realmente incalculable cuando en ella se ha estrujado un racimo que comprende, naturalmente, un grano de convicción, un grano de poesía, un grano de música, un grano de emoción y otros granos. Sabemos al mismo tiempo y por esta causa que las canciones libres no tienen precio.

Yo creo que todas las reservas de oro americanas no bastan para comprar ese verso, pero que ellos lo han soñado.
Ahora bien: para un poema no bastan las palabras. Es menester añadir una cucharada de ideología. Las ideas, aunque se expresan con palabras, no descienden de las palabras. El material de que están hechas las ideas se llama reflexión en sus estadios bajos, se llama filosofía en el acontecer de los altiplanos del intelecto.

La-Nueva-Canci_n-chilena_car_tula.jpgPero no hay ni reflexión ni filosofía sin observación y sin información. Es a partir de un elemento informante que se piensa, que se examina, que se desarrolla, que se asedia, que se comprende, que se rechaza, que se acepta, que se promueve, que se despedaza, que se troncha. Se aprecia entonces sin dificultad cómo deben engranarse las palabras a las ideas, sin lo cual no puede existir el poema y no puede reverberar la canción.

El viejo "mester de juglaría" desempeñaba antiguamente las funciones de un periodista. Iba y venía por llanos y montañas cantando las noticias al pie de los castillos o en la taberna del poblado Para nosotros, juglares de fines del Siglo Veinte, la tarea no es opuesta, sino complementaria.
Nuestro tantálico oficio consiste en confabularnos en las perspectivas de una información y una movilización permanente. Esa es la puerta a la cual golpeamos para despertar a los durmientes. Golpeamos a la puerta de cada conciencia con cinco nudillos: la historia, la verdad, la voluntad, el futuro y el combate. Nosotros somos hijos y padres de la historia de nuestro tiempo. Cuando la historia se fatiga, hay que besarle la gana de andar para que avance Para que avance por nosotros y con nosotros, los pequeñísimos, los exultantes, los tábanos. No sólo descendemos del mono, sino también de un viejo combate que es anterior al mono.

"Elegía para una muchacha roja", Patricio Manns.

Pero nuestro tiempo es un dilatado espacio en el cual debemos movernos desde la noche a la mañana, y a menudo, desde la mañana a la noche. Antes había que saber para contar. Ahora hay que saber también para cantar. Este condenado oficio juglaresco, que tanto irrita a los tiranos y a los vendepatria, es un arte muy antiguo, muy secreto, muy prestigioso, muy exigente y muy lleno de peligros. En nuestro tiempo se asesina de preferencia a los libertadores y a los juglares. (El uno es impensable sin el otro.) Siendo pues un oficio mortal, concedámosle una mortal importancia.

Dejemos de lado el facilismo inconsecuente, el individualismo exacerbado, la mortífera ignorancia, el quehacer a medias, la maligna tentación de labrar fama y fortuna escudándonos con bastarda falsía en la terrible y milenaria humillación de un continente. Comprendamos cabalmente que nos será exigido sangrar un siglo para cantar un día. Seamos severos con nuestra memoria y con nuestros sueños.

"Las caídas", Patricio Manns.

Pongamos la música de la poesía y la poesía de la música al servicio de este hombre substancial y amoroso que somos todos los seres con ganas de crecer, con pasión de comprender. La juglaría moderna debe incitarse a una capital introspección del futuro, y ya sabemos que el futuro será indefectiblemente la historia de mañana. Y sobre todo, y a pesar de todo, saquemos de las heridas un gajo de orgullo innumerable y cantemos.

¿No fue acaso un viejísimo juglar
griego, que en sus ratos de ocio se
ensarzaba en violentos combates
cuerpo a cuerpo con los paralelepípedos,
los escalenos, los isósceles y,
particularmente, con los teoremas, el
que pedía incansablemente: "Dadme
una canción en qué apoyarme y moveré
el mundo?"

Fotografías: 1) Patricio Manns con Francisco Coloane, dos grandes escritores. 2) Violeta Parra, cada expresión musical que surge después de Violeta Parra, de alguna manera ha heredado esa identidad que antes estaba diluída, perdida, sin forma, sin fuerza,sin vida. 3) Carátula del disco"La nueva canción chilena".

Esta ponencia y todo este texto, también está en la web de Patricio Manns.

Todas las canciones son representativas de la NCCh.

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